

Ya no se pondrá delante de la tele porque no le dejamos ver tres horas de dibujos animados, y ponemos las noticias, no discutirá con Marta y eso que tiene una paciencia infinita ni le dirá a Ana que Toledo es una ciudad muy vieja y no le gusta. Adiós a los bocatas de “jamón de aceitunas” y adiós a mis masajes favoritos. Ya no hay más “y tu de qué vas” ni…..
Se acabaron las vacaciones y ahora que lo pienso o más bien lo escribo pues se planta un nudo en el estómago y entran ganas de llorar.
Para mi pues costará un poco, pero a él….
Me quedo con las enormes ganas que tiene de ver a su familia, de llevarles cositas y regalos, ropa, alubias, un mortero y una batidora (que no sé donde van a enchufar)
Me quedo con las ganas que tiene de ser libre, de comer de nuevo con las manos, de poder jugar donde y como quiera, de hablar y poder y saber decir todo lo que piensa. Me quedo con esperar que vuelva el próximo verano a mi casa. Me quedo con pensar que a pesar de todo ha merecido la pena.
Me he dado cuenta cuál es la diferencia entre los que teniendo poco son felices y los que teniendo mucho no saben disfrutar: La esperanza.
Dicen que quien espera desespera, pero en el fondo es más bonito poder esperar algo que no esperar nunca nada ni a nadie.
Él esperará que llegue el mes 7 del verano que viene, que yo vaya a verlo el próximo invierno, que le lleve un paquete de pipas, un pantalón de rapero y sin que nadie nos vea le de dos euros para comprar gominotas en el desierto. Yo le esperaré a él, esperaré que venga más tranquilo, que esté bien, que las cosas no empeoren, que lleguen a una solución y dejen ese desierto para siempre. Esperaré el próximo mes de julio.…..
Eso sí me quedan dos días y espero saber aprovecharlos .
Por cierto, ya se acavaron las vacaciones.